sábado, septiembre 12, 2009

LIMITACIONES


A medida pasan los años también me voy dando cuenta de mis limitaciones.

Las carencias me desbordan, me voy tornando insignificante ante todo lo que me falta. Pienso que sigue esta tendencia reduccionista de mi ser pronto seré un punto invisible en el paisaje caótico del mundo que no poseo. Mi mujer, que se ha dado de cuentas del asunto, cuenta los días esperanzada de que un día comience a cambiar la marea y se vayan agregando cosas que me conviertan de alguna manera en un poseedor. Yo me callo para no interrumpir sus expectativas, pero para mis adentros resuelvo que siempre continuaré así abordado por las enormes carencias. En las largas noches de verano ataco el insomnio contando todo aquello que no poseo. Comienzo casi siempre por el hermoso coche deportivo que nunca aprendí a manejar, por el dinero que nunca gané para comprarlo, por la casa de playa que en algún lugar me espera, pero que todavía no es mía. Cuento camisas, electrodomésticos, viajes en tren y en avión, bares exóticos, hermosas mujeres que hablan idiomas inefables, artilugios deportivos, aventuras al estilo Indiana Jones, hermosas masajistas, paisajes idílicos en la campiña francesa o italiana. Mis carencias son eclécticas, pero siempre de buen gusto. En ocasiones son compatibles con el desarrollo personal y con grandes conquistas intelectuales. Para eso están las canciones y los libros que nunca he escrito, las películas cuyos guiones yo hubiera escrito, los inventos que otros lograron antes que yo. El hecho de que enumere, en los largos desvelos, mis más preciadas carencias no me hace un individuo envidioso o malagradecido de la vida. Por el contrario vivo agradecido de lo que no tengo, de ser una persona, dije una persona, pequeña pero que a pesar de su invisibilidad le sobra el mundo. Un día, cualquier día, desapareceré y nadie se dará cuenta, y mi mujer seguirá peleando como una loca porque no tengo automóvil, ni casa, ni trabajo, ni entro ni salgo, ni escribo, ni borro y más que todo me maldecirá porque a pesar de tantas carencias, de no tener nada, me disfruto de la alegría de vivir cada día. Seguirá diciendo que aunque yo no creo en los milagros, soy un vivo milagro que anda por la vida, desposeído, pero feliz.

Acerca de mí

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463 Campo Alegre, Utuado, Puerto Rico
Periodista, Escritor y Poeta, Ciudadano Lector