martes, diciembre 04, 2007



Hacia una nueva mirada al mundo pre hispánico puertorriqueño

Por Angel Maldonado Acevedo

El perro taíno, antecesor histórico de nuestro perro sato pueblerino, vivió de seguro una vez mejor vida que sus descendientes que fueron sacrificados criminalmente en el área de Vega Baja en las pasadas semanas, de acuerdo al arqueólogo Miguel Rodríguez López, autor del libro Tras las huellas del perro indígena (Ediciones puertorriqueñas, 2007). La reflexión sirvió como pie forzado para dar inicio al Simposio sobre Arqueología que tuvo lugar en la Universidad de Puerto Rico en Utuado como parte de la actividad Casa Cultural Abierta.

De acuerdo al también rector del Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe, los aborígenes del país sentían un gran aprecio por este descendiente del lobo siberiano que llegó a Puerto Rico unos 2,300 años antes de Cristo. “El perro fue el primer animal domesticado por el ser humano y lo ha acompañado desde siempre. En la cultura taína el perro era parte de la sociedad, un habitual, como lo ha demostrado en los estudios realizados en Punta Candelero, en Palmas del Mar y en la Hueca en Vieques”, indicó el experimentado arqueólogo.

En la cultura de nuestros antecesores el perro recibía un entierro ceremonial. En la iconografía de nuestros indios el perro aparece en dujos y otros objetos representativos de la cultura. En los propósitos ceremoniales religiosos el perro representó en el Caribe lo que el jaguar en las representaciones ceremoniales de los pueblos indígenas suramericanos, dijo Rodríguez. Los perros nunca fueron sacrificados como alimento. Solamente pudo ocurrir en situaciones de hambruna para alimenta a caciques o miembros de alta jerarquía en las poblaciones indígenas, aseguró el académico.

Sobre las características de perro mudo que le adjudicaron los primeros cronistas del país, especialmente Oviedo, Rodríguez López planteó la hipótesis de que el ladrido del perro taíno como los de algunos perros africanos, puede haber sido el producto de la domesticación. El perro en realidad no era mudo, emitía otro tipo de sonidos que pudieron tener el propósito de distinguirlos de otros animales en situaciones que se pudieron prestar a confusión con otros animales salvajes, como los lobos.

Hacia una pluralidad cultural pre hispánica

Por su parte el Dr. Reniel Rodríguez Ramos, del Departamento de Sociología y Antropología de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras abrió las puertas a una revisión de la cronología indígena puertorriqueña que emana, y ha sido continuada por historiadores e investigadores, del trabajo de Irving Rouse. Rouse fue el primer arqueólogo profesional en realizar estudios en Vieques hacia 1948. Sus hallazgos fueron publicados por la Academia de Ciencias de Nueva York para 1952. Su utilización de las pruebas de Carbono l4, innovadoras en la época paral fechar la cerámica de los diferentes pobladores pre hispánicos, desde los llamados pueblos arcaicos a los taínos, sirvieron de método para fechar la cronología de la ocupación del espacio de Borinkén por los diferentes grupos y razas amerindias que fueron llegando de Sur América. “Irving Rouse escribió nuestra historia precolombina, estableció la secuencia de los estudios de la cerámica y cómo los cambios de la cerámica se reflejaban en las diferentes culturas, desde los originales arcaicos, sus continuadores los ingerí hasta los pretaínos y los taínos, expuso Rodríguez Ramos.

Las pruebas de radiocarbono l4 que ha venido realizando el Dr. Reniel Rodríguez Ramos aspiran a crear una nueva cronología que alarga en el tiempo los orígenes de nuestra sociedad pre hispánica. El modelo cronológico de Rouse lo llevó a fechar la primera llegada de los arcaicos hacia el año 1000 antes de Cristo. De acuerdo a las propuestas de Rodríguez Ramos nuestra prehistoria se puede extender por 3000 años adicionales, de 4,500 a 5000 AC. Los mapas paleográficos indican que hace 6 o 7 mil años se podía caminar de Vieques a la isla de Borikén, apuntó como elemento que pudo contribuir a una convivencia de pueblos en un mismo tiempo histórico.

Este es uno de los puntos más significativos de la ponencia de Rodríguez Ramos: la convivencia en la isla de diferentes culturas en un mismo contexto geográfico y temporal. En entornos arcaicos se han encontrado artefactos de la cultura ingerí, y residuos carbónicos de productos como el maíz, la batata 6000 años antes de Cristo. Estos hallazgos del profesor del recinto riopedrense, contradicen los señalamientos de que los arcaicos fueron un pueblo cazador no agrícola.

En síntesis, las investigaciones del joven arqueólogo, basadas en examen de pruebas de carbono tienden a confirmar la coexistencia de diferentes culturas en el marco del territorio isleño. “Hay evidencia de que hubo desarrollos independientes y que no hubo desplazamientos dramáticos. La pluralidad cultural también fue parte de las culturas precolombinas,” afirmó el investigador. Esta pluralidad, indicó, lleva al investigador a cuetionar la definición de lo taíno. ¿Es el taíno un concepto ideológico o acaso definirá la diversidad que hubo en la isla?, se pregunta Rodríguez Ramos. Con este interrogante se dio paso a la presentación sobre la sacralidad del Centro Ceremonial Indígena de Caguana.

El investigador Osvaldo García Goyco exploró el aspecto mítico religioso del Centro Ceremonial Indígena de Maguana y de su entorno, especialmente la montaña del Cemí, ubicada al oeste del Parque Ceremonial. García Goyco viene exponiendo los aspectos religiosos de Caguana desde hace tres décadas. Su tesis central es que hay una alineación astronómica de los principales petroglifos del Centro Ceremonial de Caguana con la salida del sol en los equinoccios, al igual que en otras culturas mesoamericana como la Maya. En su ponencia hizo un recorrido por los mitos de los pueblos amazónicos, su iconografía religiosa basada en animales y la posibilidad de que el cemí de los taínos sea una encarnación de la tortuga. Cita al cronista Pedro Martír de Anglería de que el pueblo taíno nació en la región de Caguama, que significa tortuga en taíno.

Si la ponencia García Goyco, centrada en el análisis de la sacralizad, pero rica en ilustraciones y elementos comparativos con culturas precolombinas del continente suramericano, se alejó en momentos del rigor científico de los otros deponentes, tuvo el efecto entre los participantes, estudiantes, profesores y público en general, de provocar una curiosidad alerta que sin duda los obligará a acudir al Centro Ceremonial Indígena de Caguana con una mirada diferente. En ese sentido las referencias astronómicas, el análisis comparativo de las religiones amerindias, sus símbolos y aquellos que marcan el entorno de Caguana contribuyeron a la pluralidad que se esperaba de este primer Simposio de Arqueología.

El Primer Simposio de Arqueología se llevó a cabo en el Salon de Actividades El Bohío, ubicado en un promontorio del campus utuadeño donde según investigaciones realizadas a comienzos del siglo XX y continuadas recientemente por el arqueólogo Roberto Martínez, estuvo ubicada una de las últimas aldeas taínas de la comarca en los terrenos donde hoy enclava la Universidad de Puerto Rico en Utuado. Existe el compromiso, expresdo por el Dr. César Cordero Montalvo, rector de la Universidad de Puerto Rico en Utuado, quien función de moderador de este primer simposio, de darle continuidad al mismo con otras voces y otras investigaciones que esperan la hora de hacerse escuchar.


El autor es periodista. Dirige la Oficina de Exalumnos en UPR Utuado. Publicado en Diálogo, Periódico de la Universidad de Puerto Rico

viernes, octubre 26, 2007

¿De cuándo acá, Ponce es Ponce sin Utuado?

Por Mirta I. Nieves

Tomaríamos por ignorantes a profesionales, especialistas y académicos que ponen en duda que Utuado es el verdadero Centro Pre-hispánico de mayor valía en Puerto Rico.
Es cierto que el yacimiento indígena en Ponce, que ha causado tanto revuelo en la prensa en las ultimas dos semanas, debe ser de gran importancia. Es del conocimiento de muchos sin embargo, que la excavación arqueológica en Ponce lleva aproximadamente un año, y que, hasta ahora, pocas personalidades del País le habían prestado interés. De hecho, el yacimiento “encontrado” recientemente en el Sector Jacana-Portugués se encuentra identificado como “PO-29”, desde hace más de veinte años, en los inventarios del ICP, el SHPO, y la Junta de Planificación.
Actualmente en el Sector Bateyes del Barrio Viví Arriba, en el Municipio de Utuado, desde hace algunos años se está excavando un conjunto de al menos tres bateyes y que, al igual que en el caso del de Ponce, estuvieron inundados por el Río Viví. Sin embargo, lo que le da la jerarquía indígena a Utuado es la gran cantidad de yacimientos dentro de su territorio actual, incluyendo un sinnúmero de bateyes. En el Barrio Consejo del Municipio de Utuado, existe un batey que en la década de 1970, fue removido por personas inescrupulosas e instalado en una universidad de Ponce. Tras muchos esfuerzos de la Comunidad Utuadeña, los monolitos – menos dos – fueron devueltos al lugar original, más no a las manos de los utuadeños. Son muchas las personas que tienen conocimiento de la remoción de monolitos de Utuado, que fueron transportados a Ponce durante la construcción de los bateyes de Tibes. Sobre ésto existe evidencia documental oficial. Además del conocimiento de muchos utuadeños que parte de los bateyes de Tibes es producto del saqueo de bateyes de Utuado.
Por otro lado, el nivel de investigación existente sobre el batey de Jácana, hace que todavía sea prematuro asignarle un grado de “importancia” en relación a otros bateyes en Puerto Rico, particularmente cuando éstos han sido escasamente investigados. Tómese, por ejemplo, el hecho de que Caguana permanece prácticamente sin tocar, en términos de investigación arqueológica. Uno se pregunta de donde sale tanto alarde, y tiene que llegar a la conclusión de que algunos de los supuestos expertos que se han manifestado en la prensa del País, están intentando sacar partido a la situación. No se está diciendo que el batey de Jacanas no sea importante, sino que la mayoría de los bateyes de la Isla, no han sido investigados con el mismo rigor para poder hacer una gradación de “importancia”.
Entonces se puede decir que, verdaderamente, ésta es la primera vez que en Ponce se encuentra un batey verdaderamente prístino. Tengo que decir que, de no ser por un estudio serio y de gran relevancia en el campo de la investigación indígena regional, que están llevando acabo el catedrático Jalil Sued Badillo (quizás el mejor especialista en el Tema) y su colega historiador, Héctor R. Marín Román, y que cuenta con el respaldo de la Universidad de Puerto Rico, la mayor parte de los recursos patrimoniales precolombinos de nuestra Isla quedarían en total desconocimiento para los puertorriqueños contemporáneos, y del futuro. Es seguro que este estudio traerá a la luz grandes aportaciones e hipótesis nunca antes imaginadas.
Los historiadores Sued Badillo y Marín Román, quienes también tienen un vasto conocimiento en arqueología, demostrarán que esas personas que han estado expresándose ante la prensa, y que aparentan ser expertos conocedores del tema Indígena en Puerto Rico, realmente tienen un conocimiento deficiente del mismo.
Es ese estudio Etno-histórico, que contiene los datos investigativos más sólidos y constatables hasta el momento; también concentra la mayor cantidad de evidencia precolombina en el Municipio de Utuado.



Por: Mirta I. Nieves
Estudiante utuadeña del Recinto de Río Piedras

24 de octubre de 2007
¿De cuándo acá, Ponce es Ponce sin Utuado?

Tomaríamos por ignorantes a profesionales, especialistas y académicos que ponen en duda que Utuado es el verdadero Centro Pre-hispánico de mayor valía en Puerto Rico.
Es cierto que el yacimiento indígena en Ponce, que ha causado tanto revuelo en la prensa en las ultimas dos semanas, debe ser de gran importancia. Es del conocimiento de muchos sin embargo, que la excavación arqueológica en Ponce lleva aproximadamente un año, y que, hasta ahora, pocas personalidades del País le habían prestado interés. De hecho, el yacimiento “encontrado” recientemente en el Sector Jacana-Portugués se encuentra identificado como “PO-29”, desde hace más de veinte años, en los inventarios del ICP, el SHPO, y la Junta de Planificación.
Actualmente en el Sector Bateyes del Barrio Viví Arriba, en el Municipio de Utuado, desde hace algunos años se está excavando un conjunto de al menos tres bateyes y que, al igual que en el caso del de Ponce, estuvieron inundados por el Río Viví. Sin embargo, lo que le da la jerarquía indígena a Utuado es la gran cantidad de yacimientos dentro de su territorio actual, incluyendo un sinnúmero de bateyes. En el Barrio Consejo del Municipio de Utuado, existe un batey que en la década de 1970, fue removido por personas inescrupulosas e instalado en una universidad de Ponce. Tras muchos esfuerzos de la Comunidad Utuadeña, los monolitos – menos dos – fueron devueltos al lugar original, más no a las manos de los utuadeños. Son muchas las personas que tienen conocimiento de la remoción de monolitos de Utuado, que fueron transportados a Ponce durante la construcción de los bateyes de Tibes. Sobre ésto existe evidencia documental oficial. Además del conocimiento de muchos utuadeños que parte de los bateyes de Tibes es producto del saqueo de bateyes de Utuado.
Por otro lado, el nivel de investigación existente sobre el batey de Jácana, hace que todavía sea prematuro asignarle un grado de “importancia” en relación a otros bateyes en Puerto Rico, particularmente cuando éstos han sido escasamente investigados. Tómese, por ejemplo, el hecho de que Caguana permanece prácticamente sin tocar, en términos de investigación arqueológica. Uno se pregunta de donde sale tanto alarde, y tiene que llegar a la conclusión de que algunos de los supuestos expertos que se han manifestado en la prensa del País, están intentando sacar partido a la situación. No se está diciendo que el batey de Jacanas no sea importante, sino que la mayoría de los bateyes de la Isla, no han sido investigados con el mismo rigor para poder hacer una gradación de “importancia”.
Entonces se puede decir que, verdaderamente, ésta es la primera vez que en Ponce se encuentra un batey verdaderamente prístino. Tengo que decir que, de no ser por un estudio serio y de gran relevancia en el campo de la investigación indígena regional, que están llevando acabo el catedrático Jalil Sued Badillo (quizás el mejor especialista en el Tema) y su colega historiador, Héctor R. Marín Román, y que cuenta con el respaldo de la Universidad de Puerto Rico, la mayor parte de los recursos patrimoniales precolombinos de nuestra Isla quedarían en total desconocimiento para los puertorriqueños contemporáneos, y del futuro. Es seguro que este estudio traerá a la luz grandes aportaciones e hipótesis nunca antes imaginadas.
Los historiadores Sued Badillo y Marín Román, quienes también tienen un vasto conocimiento en arqueología, demostrarán que esas personas que han estado expresándose ante la prensa, y que aparentan ser expertos conocedores del tema Indígena en Puerto Rico, realmente tienen un conocimiento deficiente del mismo.
Es ese estudio Etno-histórico, que contiene los datos investigativos más sólidos y constatables hasta el momento; también concentra la mayor cantidad de evidencia precolombina en el Municipio de Utuado.



Por: Mirta I. Nieves
Estudiante utuadeña del Recinto de Río Piedras

24 de octubre de 2007

lunes, octubre 22, 2007

EL VIEJO SABOR DEL CAFÉ

EL SABOR DEL CAFÉ CRIOLLO

Saborear una taza de café negro, a la sombra de un viejo tamarindo que oteaba las lejanas serranías desde el batey de la casa de mis abuelos en el barrio Roncador de Utuado, fue una de las primeras gratas experiencias mi vida. El recuerdo de aquella taza humeante, de aquel sabor inigualable, todavía sobrevive como un secreto tesoro.
Por eso me resultó tan cercana la presentación que hiciera el Dr. Ovidio Dávila Dávila en el Conversatorio sobre Historias Locales que se llevó a cabo en la Universidad de Puerto Rico en Utuado la tercera semana de octubre
Para Ovidio Dávila, arqueólogo, descendiente de los Dávila que ayudaron a fundar la ciudad de Utuado, agricultor afincado en el barrio Ángeles, el sabor del café que aprendimos a tomar desde niño se ha perdido. Es el mismo café que nos hizo famoso en los salones de la Europa aristocrática del siglo XIX, el café que saboreaba el Papa en Roma. En sus andanzas como estudiante en Europa Dávila llegó a conocer a algunos de los mejores catadores del mundo y alguno de estos, en un atardecer londinense, le dijo que desde 1956 los europeos tampoco han podido saborear dicho café a pesar de las gestiones que se han hecho en los pasados anos por desarrollar un café de alta calidad. Café que no es una variedad del Típica que saborearon nuestros abuelos.
Se pregunta el arqueólogo e historiador qué pasó con el café puertorriqueño, el que nos llegó de Abisinia vía Martinica y que tomó el nombre de dicha isla, desde el siglo XVIII.
Todo parece indicar que la introducción de nuevas variedades de cultivo intensivo, al sol, desplazó las siembras tradicionales, que se hacían a la sombra de los viejos guabales, especialmente en la zona central montañosa. El café criollo, el del viejo sabor que disfrutaron los mayores, quedó desplazado a los terrenos baldíos abandonados. Se descontinuó su siembra, pero todavía quedan, sobre todo en el barrio Roncador de Utuado, cepas que crecen al natural, en las escasas zonas boscosas. Precisamente, apunta Dávila Dávila, en Etiopía, de donde es oriundo el café, se ha regresado a las formas tradicionales del cultivo a la sombra, más aún, se ha estimulado el cultivo silvestre del café, en zonas de bosque donde apenas lo que se realizan son senderos para su recogido.
Estará en volver a la tradición y la reintroducción del viejo café típica o Martinica, la posibilidad de regresar al viejo sabor perdido del café boricua. Tal vez ahí esté la respuesta, pero se necesitaría que las nuevas siembras de café cultivado a la sombra, reintroduzcan el café criollo, el arábigo típica que fue símbolo de nuestro prestigio en el mundo y de nuestra identidad.

viernes, octubre 19, 2007

UN SENDERO HISTORICO Y ECOTURISTICO ENTRE ARECIBO Y UTUADO

Por Angel Maldonado Acevedo

Los profesores Juan Carlos Puig Hernández y Fernando Medina Carrillo, ambos de la Universidad de Puerto Rico en Arecibo, han obtenido la aprobación de dicha institución para el desarrollo de un sendero ecoturístico e histórico que comunicaría al recintos de Arecibo y Utuado de la Universidad de Puerto Rico. Este sendero transcurriría, según sus proponentes, por algunas carreteras secundarias, trillos y senderos abandonados y algunos caminos vecinales históricos por los sectores
La Planta, La Guinea, Cantagallo y otros de la municipalidad de Arecibo. El sendero transcurriría por trillos y veredas que bordean o cruzan el Bosque Estatal del Barrio Río Abajo de Utuado, e incluye también su paso por sectores del Barrio Santa Rosa, un barrio casi totalmente despoblado de Utuado. Atravesaría zonas del Cayuco y Jácanas, en el Barrio Caguana de Utuado y de Salto Arriba donde ubica la Universidad de Puerto Rico en Utuado.

La exposición de este proyecto tan novedoso se llevó a cabo en la Universidad de Puerto Rico en Utuado durante la actividad llamada Casa Abierta Cultural que se celebró hace algunos días en este recinto.

Durante los pasados meses Puig Hernández y Medina Carrillo han andado y desandado las zonas boscosas de la frontera entre Utuado y Arecibo, han dialogado con campesinos y han recogido un tesoro de historias orales. Han documentado, además, las ruinas de viviendas y el trazado de los viejos senderos. Todavía le quedan por eslabonar tramos a la ruta en unas áreas en la Guinea y La Planta, en Arecibo, donde el sendero, como el del famoso cuento de Borges, se bifurca en las abras insondables que sólo los campesinos que llevan mucho tiempo viviendo en los sectores pueden descifrar.

El proyecto tal vez no sea el Camino de Santiago de nuestro país, como sugirió la Dra. Marisol Dávila, de UPR Utuado, pero sin duda abriría una ruta para el caminante, el observador de la naturaleza, el científico y el académico, el turista que gusta de la buena conversación con los campesinos. Atravesaría áreas donde todavía perviven los estilos de vidas desconocidos en las zonas urbanas. El camino cruzaría parte de la zona kársica, que es rica en especies vegetales y animales. Los proponentes estiman que una caminata de recinto a recinto, podría tomar unos tres días, incluyendo el tiempo que se tome en pernoctar en la ruta.

Este novedoso proyecto sin duda necesita el apoyo de ciudadanos e instituciones del país, de manera que el sendero propuesto se conserve siempre limpio, sus accesos asegurados y garantizado el propósito cultural que le da vida.

En una conferencia llevada a cabo en la Universidad de Puerto Rico en Utuado el profesor Medina Carrillo invitó a las autoridades del recinto utuadeño de la UPR para que contribuyan a darle vida a este proyecto, si posible a incorporar al recinto de Ponce de la UPR de manera que se pueda caminar de costa a costa, a través de toda la montaña y los valles norteños y sureños por el primer sendero ecológico de Puerto Rico.

El autor es periodista, dirige la Oficina de Exalumnos en UPR Utuado

lunes, octubre 15, 2007

SIMPOSIO SOBRE ARQUEOLOGIA EN UPR UTUADO


UNIVERSIDAD DE PUERTO RICO EN UTUADO

Simposio sobre Arqueología

Estado Actual sobre la Investigación Arqueológica de Puerto Rico

Fecha: Jueves, 18 de octubre de 2007
Hora: 9:00 AM a 12:00 M
Lugar: Salón de Actividades El Bohío
Universidad de Puerto Rico en Utuado

Conferenciantes Invitados:
Dr. Roberto Martínez Torres, Arqueólogo,
Depto. de Desarrollo Municipal de Arecibo
Tema Titulado: El geoglifo de Utuado

Dr. Osvaldo García Goyco
Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe
Tema: “El Simbolismo Religioso del Parque Ceremonial Indígena de Caguana”

Arqlo. Miguel Rodríguez López, Rector, Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe
Tema: “El perro indígena en la arqueología”

Dr. Reniel Rodríguez Ramos, Arqueólogo, Departamento Sociología y Antropología, UPR Río Piedras
Tema: Hacia una revisión de la cronología cultural de Puerto Rico

Arqlo. Iván Méndez Bonilla, Curador de Arqueología, Museo del Recinto de Río Piedras
Tema: Los taínos: objetos ceremoniales

Moderador: Dr. César Cordero, Rector, Universidad de Puerto Rico en Utuado

Para más información llamar al 894-2828, extensión 2621 ‌ ‌‌‌‌‌ ‌ ‌‌‌‌

viernes, octubre 05, 2007

Si leíste mi último poema

Si leíste mi último poema
sabrás que siempre vivo encojonado
que no pasa un minuto sin que caiga
mi ángel como potro desbocado.

Sabrás también que nada ha mejorado
en un mundo podrido y tan desnudo
que estoy nutrido por la indiferencia
insuperable de tantos energúmenos.

A la orilla de todo ya conozco
que no vale la pena desbordarme
en la insalubridad de mi problema.

Tendrás que escudriñar en el abismo
para encontrar despojos de tí mismo
si leíste mi último poema.

martes, septiembre 18, 2007

SONETO



Un rostro deshilado mortecino
Hace un minuto ya no lo recuerdas
Un celaje de luz sobre las cuerdas
De un abismo que borra su destino

Ese eres tú insobornable peregrino
Un pequeño paisaje aunque te pierdas
Heredero del mundo y de sus mierdas
Un don nadie cabreando en el camino.

No te la des de don porque es engaño
La experiencia que suma cada año
Al vacío febril de tu existencia

Por más que vistas de color la tarde
Es noche incierta un indeciso alarde
Nada pinta de luces tu conciencia









jueves, septiembre 13, 2007

LA NOCHE SILENCIOSA



Que larga es la ribera de la noche,
Que larga es.


Leopoldo María Panero
La canción del indio Crow


Solo el loco tiene noches largas y pobladas
Sólo el loco tiene mundos para dispensar
Solo el loco tiene opciones y canales
Sólo el loco tiene locuras como salvación.

Por un camino largo en blanco y negro
Árboles en blanco y negro
Ríos en blanco y negro
Luvia en blanco y negro
Va el loco o no se sabe si regresa.

Lo cierto es que el loco marcha
Sin la prisa de los mortales
Con un gozo que nadie puede descifrar

Con una risa que no se cansa
Y un día que no tiene almanaques
Aplaudamos al loco
Saludemos al loco
Buenos días loco
Buenas noches loco

Sigue regando risas
Y construyendo caminos
Por las noches infinitas

Ningún fuego te quema
Ningún temor te abstiene.

Te saludo desde aquí
desde esta noria larga
y esta vuelta en torno de una sombra
que nunca termina.

La noche silenciosa



Que larga es la ribera de la noche,
Que larga es.

Leopoldo María Panero
La canción del indio Crow

Solo el loco tiene noches largas y pobladas
Sólo el loco tiene mundos para dispensar
Solo el loco tiene opciones y canales
Sólo el loco tiene locuras como salvación.

Por un camino largo en blanco y negro
Árboles en blanco y negro
Ríos en blanco y negro
Luvia en blanco y negro
Va el loco o no se sabe si regresa.

Lo cierto es que el loco marcha
Sin la prisa de los mortales
Con un gozo que nadie puede descifrar

Con una risa que no se cansa
Y un día que no tiene almanaques
Aplaudamos al loco
Saludemos al loco
Buenos días loco
Buenas noches loco

Sigue regando risas
Y construyendo caminos
Por las noches infinitas

Ningún fuego te quema
Ningún temor te abstiene.

Te saludo desde aquí
desde esta noria larga
y esta vuelta en torno de una sombra
que nunca termina.


Angel Maldonado

viernes, mayo 04, 2007

Extra breves ׀ porciones extra


Primera porción

Las avispas nunca eligen a los sujetos de sus ataques. Por el contrario es el victimario que tras búsquedas inconscientes dirige, casi siempre su rostro en primer plano, su camino hasta el avispero. Cuando su mirada logra avisar a los sujetos de su búsqueda ya es víctima. El beso y el encuentro son un mismo acto.


Segunda porción


No sólo los muertos pasan de largo. También los vivos, los casi muertos, los histéricos, los blandengues, los héroes y los pensativos. Los héroes nunca pasan de largo. Siempre miran desde alguna fila, al mundo que avanza. Su peso lo llevamos durante toda la vida.

lunes, abril 30, 2007

CUARTO NÚMERO ALBORADA

El Comité Institucional de Publicaciones de la Universidad de Puerto Rico en Utuado puso en circulación el cuarto número de Alborada, revista institucional interdisciplinaria de dicho recinto. Esta edición de la revista que dirige la doctora Sandra Enríquez Seiders incluye los artículos Política y azúcar: los dos amores de la alcaldesa Marty de Lajas de Sandra Enríquez; La globalización, los medios y nuestra juventud, de Pedro Cartagena; Los niños índigo mito, realidad o fraude de Reinaldo Saliva González; El simbolismo en el grabado de la Mujer de Cagüana de Roberto Martínez Torres, y Puerto Rican Spanglish, de Orville Villanueva. El poeta y profesor Antonio Ramírez Córdova colabora con un artículo sobre el pelotero Luis Rodríguez Olmo.
Colaboran también Ferdinand Padrón Jiménez con el estudio sobre Vicente Huidobre titulado: Un rebelde en busca de su propia voz y Margarita Rivera Ford aborda los temas del genio y la obsesión en Marie Curie. Luis Cortés Collazo publica el cuento La electricidad que recibiera el Primer Premio en el Certamen del Ateneo Puertorriqueño en el año 2004.
La revista contiene también poemas de Lourdes Torres Camacho, Pedro Santaliz y Nellie Bauzá Echevarría. El arte y el diseño de Alborada son obra de Ángel Maldonado Acevedo, y las fotos de portada y contraportada, alusivas a la nueva biblioteca de la Universidad de Puerto Rico en Utuado, son de Pedro L. Cartagena.

domingo, abril 29, 2007

NUEVOS MICRORELATOS DE ANGEL MALDONADO


Epitafio para una revolución fracasada

Están llorando todas las estatuas.

Serás inédito

Era un relato tan breve y tan breve, que en una milísima de segundo de ofuscación el autor lo perdió entre sus dedos. De la historia quedó tan sólo el título.


El libro de las sorpresas

He tocado el paraíso, dijo el poeta, mientras sus ojos denunciaban una sorpresa que nunca terminaría.


El escritor

Desde el fondo de aquel día inútil, vacío y lento, apareció la palabra, el milagro que nunca esperaba. La vida no pasa en vano, pensó. Apuntó el signo en el papel y las otras palabras fluyeron como un río milagroso.


El plagiador

Siempre plagiamos. Alguien antes había organizado lo dicho de otro modo, aunque nunca lo hubiera hecho público. El lector siempre descubre paisajes que estaban latentes en su conciencia, o en su recuerdo. Sobre todo, somos el Cervantes que el porvenir descubrirá.

Calma

Pudriéndose inevitablemente, a una orilla de la mesa, la fruta murió en su propio perfume. Ni la boca hambrienta ni la mirada estética. Nadie se acercó. Hay vidas que se deshacen sin impacto, hundidas en su propia soledad, nadie las convoca. Nadie.

La vida breve

Jiménez, el del anuncio de las pinturas, tuvo una vida de treinta segundos cuya repetición duró unos tres meses. Casi todos se olvidaron de Jiménez. Algunos sin embargo, lo repiten en sus gestos, en la manera de expresar sus desencantos y sus descubrimientos. Como decían los antiguos, Jiménez vive.

jueves, marzo 15, 2007

LADY CHATERLEY REVISITED

De noche todos los gatos son pardos
pero el amor no es ciego.
No se entregó por inocencia el pecho fértil
ante la mano temblorosa
al fondo del jardín.
No gozó de ;as sombras
no se inventó su luz propia
la sombra del amor.
No fue osado por inocente o juvenil
el fiel amado.
No calló las preguntas
porque no hubiera sabido preguntar.
En el fondo no fue todo tan tímido o volátil.
Ni fue casualidad de aquella brisa
que le trajo
campanadas de asombro y el misterio desterrado
en medio de la noche.
No crean que fue el amor tan ciego.
Fue un pasajero incógnito que todo lo previó.
La sombra del almendro
el pecho semidesnudo
la veredita llena de ríos.
La espera de estallidos silenciosos
en torno de las rosas
que estuvieron a punto de cantar.
Y hasta todos los besos
uno a uno
cuando navegó sobre su piel
y anduvo los contornos de sus cavidades
con brújula segura.
No fue ciego el amor
ni tampoco ignorante.
Fue que al mundo lo inventaron así
para el despiste.

martes, enero 02, 2007

POEMA DEL DÍA DESPUÉS

Las revoluciones se enfriaron
cuando apenas dieron los primeros gritos.

Las milicias urbanas se dispersaron sigilosamente
hacia el silencio del confort.

Reinó el tirano como antes había reinado
con voz de terciopelo y códigos confusos.

Nadie osó desafiar el infortunio
de haber perdido una revolución.

La vejez y el buen vino
los autos primero de Detroit luego de Europa
los compromisos fiduciarios y el retiro
acabaron con toda la poesía
que al principio reinó.

Apenas sobreviven unas cuantas consignas
abrazadas al eco de luchas primitivas.

Después ya se luchó por otras causas
pero no convocaron más a la poesía
aunque llamábanse todavía poetas.

miércoles, noviembre 22, 2006

La vida y las telenovelas


Amanda nunca se pierde la novela de las tres. Ese compromiso de estar frente al televisor, ansiosa por ver como se desenvuelve Trina en ese círculo de pasiones y trampas que son las telenovelas, le obliga a hacer todas las tareas por la mañana de manera que pueda estar descansada cuando se acerca la hora y el reloj de la pared de la cocina le sigue como un tormento. Cuando faltan cinco minutos el teléfono está desconectado, la puerta del frente herméticamente cerrada, las ventanas también cerradas para que los rayos del sol no le obstruyan la mirada cuando Trina, visiblemente enojada, casi histérica, le grita a Armando que alguien pagará las consecuencias de la traición y Armando pidiendo calma, comprensión, con un dejo que solamente Amanda sabe que es para ganar tiempo, el tiempo que le permita ubicarse en una situación de mejor dominio ante Trina que hoy, en este capítulo, está irreprimible. Bueno, la cosa no es para contar toda la novela, que otras también se sacrifiquen yo por la mañana cocinando y lavando ropa, fregando platos y barriendo, recogiendo trapos sucios de cada esquina y viviendo los sinsabores de una madre de adolescentes que a esta hora gracias a Dios todavía están en la escuela y le permiten asistir a la novela en su totalidad, ese capítulo de hoy que es tan bueno como el de ayer y que permite ser mejor que el de mañana. Cuando faltan apenas dos minutos Amanda es un sueño desgajado en el cómodo sofá. Ya la entrega es inevitable cuando pasan el anuncio de Johnson and Johnson y cuando la modelo luce el traje de manera que la fragancia parecer correr por la pantalla del televisor a Amanda le parecen los treinta segundos más largos, una eternidad hasta que en un latir el final del comercial enlaza con la música que sirve de tema introductoria de la novela y la sangre le vibra en el cuerpo. Es el momento del gozo supremo que la atraviesa mientras se repiten, de forma resumida las últimas escenas del capítulo de ayer, que le permiten enlazar la trama, atar los cabos y repasar sus pronósticos. Con quién se quedará Armando, será tan intensa la pasión de Trina como para llevarla a revelar el secreto que parece desbordar su ira. La primera ronda de comerciales le permite una reflexión más densa sobre los próximos pasos que darán los personajes. También musitar qué idiotas son los hombres y que tontas las mujeres. Si no fuera por estos ratos estaría perdida. A todas nos pasa lo mismo, en todas partes, en la vida y en las telenovelas.

sábado, octubre 28, 2006

MICRORELATOS A LA BORICUA


Haciendo realidad el pensamiento de Baltasar Gracián de que lo bueno si breve es dos veces bueno, el poeta y periodista utuadeño Angel Maldonado Acevedo ha dado a la luz El minutero y otros laberintos. El libro, que es la primera publicación de la colección Riobibí ediciones, se inserta, dentro de la tradición literaria que incorpora ficción y crónica, reflexión y narrativa.
Maldonado Acevedo había publicado anteriormente el poemario Memorial de otro tiempo (1998). Su obra se encuentra dispersa en revistas de Puerto Rico y del extranjero. En la década de 1970 fue cofundador de la Revista Literaria En el país de los tuertos. Su poesía ha sido premiada por el Ateneo de Ponce en dos ocasiones y por la Revista Ariadna de Madrid. Su afición por el texto breve en prosa se remonta precisamente a los años de esa revista en los años 70. Posteriormente, indica en una nota del libro, retomó el trabajo con textos breves los cuales son entregados al público lector en esta colección.
El autor, que ha atendido como crítico los géneros hiperbreves, considera que este tipo de texto armoniza con los tiempos de una sociedad en perpetuo movimiento donde toda voz literaria tiene que asumir la multiplicidad de registros.
Los textos breves, fragmentarios, se acomodan a la narración de inimaginables episodios de la vida. El autor se apoya en las teorías de Paul Virilo e Italo Calvino. En un reciente ensayo Maldonado Acevedo escribía que "tal parece que el relato breve llegó para quedarse en la era de la rapidez y de la liviandad. Se apoya y se sustenta en las características fundamentales de nuestra era que son la concentración y la velocidad. Se ajusta a espacios de tiempos múltiples, alterando la linealidad narrativa tradicional. Su espacio narrativo arranca atisbos a la nada, casi para crear un mundo en el vacío."
Trabajar con textos breves conlleva un intenso juicio, para evitar caer en las simplezas de la literatura banal. En el ensayo anteriormente citado el propio autor nos dice, hablando del micro relato, que la brevedad del género requiere unas exigencias estilísticas y de discurso que se acomoden a los propios reclamos de esa narrativa. La dificultad se acentúa en la medida en que el mini relato se fabrica en los linderos del ensayo breve, del poema breve, del chiste, de la anécdota trivial, del sketch cómico televisivo y hasta del comic.
El minutero y otros laberintos está dividido en cuatro secciones que el autor ha llamado laberintos. La primera In verso veritas recoge testimonios sobre el proceso creativo. Son textos que se ubican entre el poema en prosa y el texto de reflexión. Anticipan una especie de ars poética y recorrido existencial del autor. La segunda parte incluye crónicas, unas breves y otras no tan breves, del entorno. Es el espacio conformado por la memoria con sus aciertos, sus trampas y traiciones. La tercera parte, titulada Al pié de la página, recoge textos brevísimos caracterizados por su condición de reflexión crítica o metaliteraria. En esta sección se aborda, como lo han hecho muchos autores, la reescritura de microtextos de autores del canon literario como los son Augusto Monterroso y Julio Cortázar. La última y cuarta parte recoge, bajo el título de El minutero, unos veinte relatos brevísimos. Aquí los hilos del laberinto se dispersan en un cuerpo narrativo que recorre los temas y opciones narrativas más diversas.
El minutero y otros laberintos se une a una tradición que desde la última mitad del pasado siglo han cultivado autores como el mexicano Juan José Arreola, el guatemalteco Augusto Monterroso y el argentino Marco Denevi. Son en definitiva, breves textos que se presentan como un rompecabezas, literario donde se monta la autobiografía como discurso indescifrado de una marginalidad que también ha gozado de sus encantos. El libro podrá conseguirse en distintas librerías del país. Ediciones Riobibí está en proceso de editar libros de otros autores de la montaña puertorriqueña.


Ediciones Riobibí
riobibi@yahoo.com

787-787-604-6700
787-597-8430

lunes, mayo 29, 2006

MANOS Y CORAZÓN

Manos y corazón, mujeres para la historia
Antología de historias de mujeres

Tiene razón la profesora Sandra Enríquez cuando en el prólogo de esta colección dice que estas historias se interceptan con la historia oficial, tal como la conocemos, tal como nos la han enseñado en la escuela.

Esta colección de breves ensayos se inserta en la tradición de la nueva historiografía que busca rescatar el lugar de los que han pasado sin historia y asignarle roles, protagónicos o no protagónicos, a los personajes que han sobrevivido en las memorias, en especial en las memorias de la marginalidad. En tiempos cuando todo lo que hacemos está marcado por el glamour y el soporte mediático, los personajes de estas historias nos devuelven la verdadera dimensión y valor de las historias cotidianas.

Yo me he acercado a estas historias con un ojo estrictamente aficionado. He buscado en ellas los resquicios o filones de una tradición que me pertenece, por ser hijo de una madre campesina que recogió café, hiló tabaco, preparó leña para las hogueras y cosió guantes. Estas historias tienen una gran riqueza, pues nos dan la certidumbre de que la vida de nuestra sociedad se ha construido sobre el trabajo de las mujeres, en las distintas épocas.

Si miramos las historias en su sencillez individual, viendo el cuadro de cada mujer, podemos acercarnos al palpitar de la vida en la formación de muchas familias. Si nos acercamos desde una mirada panorámica, podemos ver estas historias como el conjunto del esfuerzo de nuestras mujeres por construir un mundo que al final de cuentas erigió al varón como protagonista en la mayoría de nuestras historias oficiales.

De una u otra forma, estamos ante un mensaje claro. La mujer del campo puertorriqueño fue, desde los comienzos del pasado siglo y hasta nuestros días, un ente social altamente productivo. Sus manos forjaron la crianza de los hijos, labraron la tierra, educaron a generaciones y dieron brillo a la cultura a través de sus obras artísticas. En esta colección brillan los múltiples oficios, a saber: tejedoras, labradoras, recogedoras de café, leñadoras para la preparación de hogueras de carbón vegetal, despalilladoras y cultivadoras de tabaco, propietarias de pequeñas fincas, artesanas, artistas, maestras, universitarias, líderes revolucionarias, dirigentes comunitarias, espiritistas y tal vez uno de los más nobles oficios, el de comadronas y curanderas. También se nos presenta el rol de la mujer emigrante y hasta el de una pescadora en uno de los lagos de la región central.

Hay mujeres de épocas pasadas, centenarias, y mujeres jóvenes, en sus treinta. Tal parece que el coraje, el ahínco, la pasión y la entrega de nuestras mujeres de generaciones pasadas sobrevive todavía en valientes muges que enfrentan los retos de crear su propio entorno económico como agricultoras o como artistas.

La falta de formación académica de muchas de las mujeres atendidas en estas semblanzas está sustituida por una gran imaginación que unida a un estoicismo y a una fortaleza indescriptible, les dan rango de verdaderas heroínas a algunas de estas mujeres.

No es fácil criar los hijos, alimentarlos, trabajar en las talas de tabaco mano a mano con los hombres. Aunque no lo dicen las historias, es posible que detrás del progreso económico de muchos hombres estuviera la tenacidad de una mujer.

Así vemos como María realizaba varias labores en la finca, sembraba habichuelas, maíz, frutos menores además de recoger la hoja del tabaco. Todas estas tareas iban unidas a las domésticas de alimentar, cocinar y criar una familia. P. 63.

De una lectura de estos textos se ve cómo la mujer era eje de la producción en todas las épocas. A medida se iban dando las transformaciones desde el punto de vista social y económico la mujer estaba presente como actor principal en el proceso de producción. Así ocurría en los períodos de la cosecha de café, en el auge del tabaco o de los talleres de costura. Se muestra así una capacidad de aprendizaje y adaptación de la mujer puertorriqueña, una manera de ajustarse a los tiempos impulsadas por la necesidad de contribuir al bienestar de la familia.

Algunas de las mujeres entrevistadas son conocidas por ser ejemplos en la comunidad con historias que han trascendido el plano familiar. Tal es el caso de doña Chenda Cancel en Utuado, Tinti Deyá en Adjuntas y Lissette Alvarez, cantante y profesora de este colegio. Otras trascendieron el marco provinciano a través de actos heroicos como lo fue Blanca Canales una de las principales protagonistas del levantamiento nacionalista en Jayuya.

Agradecemos a la profesora Sandra Enríquez el que haya motivado a sus estudiantes a entrar en estas historias. Estoy seguro de que algunos de ellos serán tocados por ese viaje al seno de las historias familiares. Es posible que tras este proyecto y la nota que recibirán de la profesora Enríquez alguno que otro retorne por esos caminos. Esta es una forma de hacer patria, de crecer como individuos y de fortalecer la institución que propicia esos encuentros, la Universidad de Puerto Rico en Utuado. (Ángel Maldonado Acevedo)

sábado, marzo 18, 2006

CRÓNICA DEL CAMINANTE


Estoy sentado en el muro frente al Mango Bajito.

Estoy sentado en el muro, frente al Mangó Bajito como si estuviera en una estación solitaria, en espera del tren que me habrá de llevar a algún lugar que desconozco. Siento el latir de las expectativas, la confusa emoción de las despedidas y el desaliento de una soledad anticipada. Me agarro a esa última mirada, a esa porción de la adolescencia que representa un paso irreversible, a ese último alojo de la sombra del frondoso árbol que ha sido presencia incomprendida durante tantos años. Aquí descubro la escisión clave. Todo lo que he sido se perderá en unos momentos, cuando ya no cuente con la protección de esa última mirada, cuando las nuevas vivencias, las que sean, vayan tapando los recuerdos y mis días, como todos los días de todos los seres humanos, se vayan llenando de nuevas memorias y nuevos olvidos.

Estoy sentado en el muro, frente al Mangó Bajito. Es una atardecer de fines de verano de 2005. A mi izquierda el puente que crucé muchas veces de ida y regreso. A mi derecha la calle, bastante más solitaria que en otros tiempos, pero en el fondo la misma calle se comienza a poblar de fantasmas como si éstos vinieran impulsados por la brisa del río, rostros cuyos nombres olvidé, fisonomías verdaderamente enterradas, siluetas que trato de aprehender y días que trato de encontrar entre los despojos de tanto olvido.

Estoy sentado en el muro, frente al Mangó Bajito, tomando un breve descanso para emprender un recorrido que me lleve por el tiempo enterrado en esta calle hasta el otro lado del pueblo. Conozco la superficie de la calle como la palma de mi mano y me es posible reproducir también algunas de las fachadas y edificios que fueron. Para otras cosas tendré que convocar a los dioses del lugar, el locus situ del que hablaban los latinos. Espero que estos me ayuden y me permitan recobrar los tejidos de esta ciudad latente sin producir heridas mayores. Les invito a acompañarme en este recorrido.

Ese fue el año de la graduación. Terminaba la rutina de caminar los veinte minutos entre mi casa y la escuela Luis Muñoz Rivera. Terminaba la rutina de arrastrar mis pasos por aquellas calles donde la miseria comenzaba a corroer las esquinas y los viejitos comenzaban a doblarse, a desaparecer, como sombras por los callejones de Judea y La Granja. Tenía miedo, miedo a dejar aquel laberinto familiar, las orillas del río y la sombreada orilla del camino que me llevaba al otro lado del río. No tenía metas fijas, ni esperanzas, ni deseos de salir. Simplemente seguía el impulso de unos cuantos amigos que iban a la universidad y la certeza de que me habían aceptado en la upi de don Jaime Benítez y que en la upi podría de algún modo afinar mis lecturas de poetas españoles e hispanoamericanos, salir del nerudismo que en aquellos años ya había comenzado a llegar a las escuela superior gracias a la voluntad de un par de maestros que habían sembrado los afanes literarios entre un grupo de llamados estudiantes aventajados.

En aquellos días dispersaba mi orfandad de una manera confusa. Ya no disponía del calor de la escuela, ni de las cercanías de una novia que me acompañaba cada día a lo largo de la calle Dr. Cueto. Ya no disponía del Salón de Bermúdez, ni el de Gutiérrez ni del grupito que se reunía para discutir libros. ¡Qué muchas cosas se perdieron aquel verano del 1965! Qué muchos caminos comenzaron en aquel verano, algunos de ellos se perdieron en los horizontes de la vida, otros volvieron ya pasados muchos años, pero en aquellos días todo era desconocimiento, expectativas de muchas cosas que se nos volcaban encima.

Los territorios se van alejando en la memoria, a la orilla sólo vemos los caminantes que cruzan como sombras, espejismos que nos provocan y aunque nos hayamos quedado en el mismo sitio, siempre los espejismos nos engañan y nunca encontramos los pasos de regreso. El camino va con nosotros mismos, a la medida vamos avanzando se deshila y nos hace imposible todo regreso por la senda caminada. Para volver debemos buscar otros atajos. A veces el regreso tiene lugar por lugares antes nunca vistos, a través de pasos que van enterrando paisajes y rostros en los territorios del olvido. Cuando creemos haber regresado ya no es el mismo lugar que nos espera. Sin que lo hayamos querido nos los sitios se han ido transformando. El tiempo corroe las miradas humanas. Tenemos que volvernos sólo recuerdo sin deseamos regresar.

Estoy sentado en el muro frente al mango bajito y son muchos los recuerdos que pasan. Recuerdos de ayer y de mañana. Es el verano de 2005. Han pasado cuarenta años y no he avanzado mucho. He trazado algunos caminos que se han bifurcado con otros caminos. He tendido caminos que no han llegado a ningún lugar, sendas que se han perdido, que se han desecho sin que mi diera cuenta. Unos caminos se perdieron y reaparecieron después. En estas oraciones intento buscar las razones de su aparición. No hay muchas explicaciones. Algunos hilos se tienden por territorios invisibles. Otros se nos tienden al frente y se nos hace necesario recogerlos, levantarlos, asumirlos como trazos de una labor inconclusa. La escritura se nos vuelve entonces un confuso tejido en la sombra que debemos asumir como buenos orfebres. Es entonces cuando descubrimos que no estábamos tan huérfanos cuando comenzamos en el verano del 1965. En muchas partes había muchos recuerdos tratando de construir la misma madeja. En mi caso pasaron muchos años, exactamente cuarenta años y una fiesta de aniversario para atar cabos. Mejor dicho, una fiesta y su secuela, que fue otra fiesta. La primera el día 11 de diciembre de 2005, la segunda el tres de febrero de 2006. Entre estas y el verano de 1965 ocurrieron muchas cosas. El mundo giró muchas veces, tuve muchos trabajos, caídas y recomienzos, esposa, hijos y nietos, amigos y enemigos. Leí muchos libros y olvidé otros tantos, tuve muchísimos encuentros, la mayoría de los cuales se deshicieron como sombras. Lo pasado en esos cuarenta años no importa. El recorrido que comenzó aquí en el muro, frente al Mangó Bajito, llega también hasta el mismo lugar. He dado la vuelta muchas veces, pero hoy me he detenido a contemplar el paso de los años y a descubrir que verdaderamente lo pasado en esos cuarenta años no importa. Ni premios, ni sorpresas, ni sufrimientos, ni milagros. Aquellos días, sin embargo, sólo se entienden al nacer del cuarenta aniversario. Me lo revelan los rostros y las palabras que encontré en la Fiesta de Aniversario y en las palabras y los gestos que viví el dos de febrero en la residencia de Luis Rivera (Chúa) en Río Abajo, un lugar paradisíaco, como dispuesto para una celebración, para un reencuentro de las palabras y los encuentros que se truncaron en el verano del 1965. La juventud tiene su razón de ser en la edad madura y si el tiempo borra gestos y figuras, nos permite rescatar una sabiduría que sólo es posible con las ataduras de las antiguas convivencias.

Hace unos momentos hablé de la poesía. Estos cuarenta años también estuvieron atados por palabras, por la lectura se versos. El camino que nació aquí, frente al Mangó Bajito, asumió territorios en la lectura de muchas ficciones, se hizo poesía con el andar, para aliviar un poco las penas del despego, del desarraigo y la agonía de no poder volver. ¿De no poder volver? Si siempre he estado aquí, si siempre paso frente al mangó bajito con mis cargas de olvido y pesadumbre. El camino que desleo es el otro, cuyo final se hace posible en el reencuentro, cuyas luces se revelan con las palabras de los viejos amigos y amigas como Samuel, Cecilia, Sylvia, Charlie, Luis Delgado, Iván, Chúa, Federico, Luis Felipe, Nino y tantos otros y otras que ataron los cabos insuperables el día del reencuentro. Ellos, a su manera, contribuyeron al tejido de esa poesía que sobrevivió tantos años secretos. La vida se junta con la vida y no hay manera de impedirlo. La muerte, en muchos casos lo que hace es hacer más legibles los lazos que nos vinculan. El camino también fue de ellos como lo fue de muertos sublimes como Luis Palés Matos y Luis Lloréns Torres, los poetas de todas partes que contribuyeron a dejar retazos a lo largo de los días. Y, ¿por qué la poesía siempre se mete en todo? El ojo mágico del poeta permite saltar por el tiempo desde allí, desde aquél muro frente al Mangó Bajito donde estoy, donde estuve, desde donde miro la solitaria tarde de este verano como si estuviera en un lugar único, al fin del mundo, a donde nadie viene nunca a nada.

Sin embargo vinieron. En el encuentro de diciembre de 2005 llegaron más de cien. Fueron más de cien hilos del mismo tejido que se trazaron por distintos lugares a través de los años hasta encontrarse de nuevo en la madeja. Entonces ví el camino, me deshice de la orfandad de cuarenta años. Me encontré acompañado, como si el tiempo se hubiera detenido cuando a finales de julio de 1965, partimos a San Juan, a la Universidad de Puerto Rico y yo, desde el muro me despedí de la calle soleada donde probablemente se escuchara una canción de Felipe Rodríguez o Daniel Santos.

Atar hilos invisibles ha sido una de las tareas más recurrentes en mi vida. La poesía, la escrita por otros y la mía propia, ha servido para conjurar y convocar los nudos de la existencia que me expliquen todos los polos de la vida, los trágicos y los sublimes, los inciertos y los vanales. A veces miro un rostro que percibí hace algún tiempo. Lo descompongo y lo atravieso de leyendas, especialmente cuando voy a los centros comerciales donde se aglutina tanta historia, tanto trajín de vida. Tantos fragmentos a mi alrededor, frente a mí, en el pasado. La escritura que me auxilia también es una eclosión de fragmentos dispuestos aquí y allá, por un azar milagroso, hechos a la medida de mis estados de ánimo y mis circunstancias.

No quiero hacer historias. Hace algún tiempo leí que toda historia es literatura. Es imposible recobrar lo que pasó y todo lo que hacemos al intentarlo es construir mitos, inventar. Para guardar los retazos están los retratos viejos. No me interesa la iconografía de mi vida, a no ser aquellos rostros que se estacionan, aquellos paisajes que pasan dejando un sabor a dudas. La ilusión que queda en los versos.

Hay lugares, sin embargo, que no se repiten. Se despintan, se transforman, se destruyen, se convierten en ruinas antes de repetirse. De esas ruinas tenemos que rescatar los mitos. Uno de esos lugares es La Playita donde pasé gran parte de mi niñez y adolescencia. La Playita que mira desde siempre al Mango Bajito, que todavía sobrevive como un espejismo.

Siempre partíamos y llegábamos por el puente, por el único puente.

El viejo puente de La Playita fue construido a comienzos del siglo XX para sustitiuir el viejo puente español que sirvió de entrada y salida a la ciudad del Viví. En tiempos pasados, casi hasta la década de los 60 era el límite urbano y la antesala a la Playita, el barrio que saludaba y despedía a todos los lugareños y visitantes que entraban y salían de la ciudad.

Hasta el año 65 más o menos la Playita fue un barrio lleno de vitalidad. Después cuando se abrió un nuevo desvío para entrar y salir al pueblo la Playita fue perdiendo su personalidad, comenzó un período de deterioro y decandencia que dura todavía.

Llegué al sector a fines de 1954 cuando fui a vivir a la otra banda, como se le conocía al sector de San José, compuesto entonces por una docena de pobres casas y verdes vegas dedicdas al ganado, al cultivo de la caña y alguns lomas dedicadas al cultivo del tabaco. Pero todos los de la banda allá hacíamos nuestra vida social en La Playita. Era allí donde estaban los bares, los salones de billar, las barberías, los colmados y donde se concentraba el pequeño mercado agrícola del pueblo. Para esa época un puente hamaca sobre el Río Viví, casi en su conjunciión con el Río Grande, dividía a los dos sectores.

El puente de hierro era el símbolo de la Playita. La hamaca de maderas colgantes de dos cables en tensión era el símbolo de San José. Entre el uno y el otro se juntaban los dos ríos formando meandros de arenas y piedras que posiblemente contribuyeran a dar nombre al lugar. Ese era el territorio de juegos que ha sido recordado en un reciente libro, la novela O orillas del Río Viví, de mi amigo, criado en la Playita, Francisco Ruiz Nieves.

Supe del nombre del lugar gracias a otro escritor, Ramón Juliá Marín, que en su novela La Gleba, dedicó unos párrafos al asunto. "Recuerdo que el vado del río era por allí, un poco más acá de las confluencias con el Viví y que cuando venían las lluvias y crecí el caudal de las aguas, se pasaba en un pequeño ancón que un viejo marino de Arecibo construyó para ganarse la vida exponiendo la misma. Era aquel maestro José un hombre ejemplar impuesto a la vida de mar, llegó a estos centros y para no echar de menos, he dicho mal, para no sentir tan honda la nostalgia de sus playas arecibeñas, fabricó una casita de pescador, al lado de unos bambús, entre los dos ríos; adquirió chismes de pescar para atrapar los sabrosos dajaos, un pez pequeñito, pero gustoso, hizo malecones en miniatura para defender el solar de las frecuentes avenidas; en fin, que de ahí tal vez le viene a este poblado el nombre de La Playita. "

La Gleba fue publicada en 1912. el Puente, de 42 metros de longitud, fue construido en 1907 como sustituto del puente que los españoles construyeron en el 1895 y que fue arrastrado por las aguas del Río Grande de Arecibo durante el paso del hurcán San Ciriaco el 7 y 8 de agosto de 1899. A mediados de 1982 fue trasladado a su ubicación actual. En la playita vivió Ramon Julá Marín, allí pasó parte de sus últimos días el autor de La Gleba y Tierra Adentro. Nos lo recuerda Francisco Ramos en su Viejo Rincón Utuadeño. Aparte de esos trazos literarios que he mencionado, La Playita es un lugar como cualquiera otro. Sólo guarda historias personales que irán muriendo en la medida se alejen sus custodios. Después no quedará nada, como pasa en todas partes.

En la Playita vivieron algunos de los rostros que conocí desde entonces, Samuel Olivero Castillo, Iván Marín Rodríguez y su hermano Tito. También otros que se alejaron hace muchos años como Radamés Vega. Con el primero de estos compartí desde la escuela elemental hasta los años de la madurez. Iván y Tito partieron a la eternidad. Radamés se hizo un silencio en el tiempo. Los distingo por la cercanía existencial dentro del abigarrado mundo que es cada barriada. Los amigos de la otra banda del río partieron sin regreso, con la excepción de Julio Arroyo quien todavía anda por ahí, por los territorios del Utuado que tanto ha cambiado y Denis Rivera, que volvió al pueblo hecho médico. De la banda allá de antes quedan muy pocos retazos. Sobrevive el recuerdo del camino sin pavimentar, el puente hamaca y el monte de guayabos, entonces inmenso, donde pasé los mejores momentos de mi niñez. Sobreviven también los sábados de baile en la residencia de don Nico y los coloquios nocturnos con amigos que se fueron como Juan Maldonado. Sobrevive el recuerdo de Tati, a quien dejé de ver en el verano del 1965 con una promesa que quedó incumplida para siempre.

Algún día volveré sobre los recuerdos de aquel pequeño barrio de diez o doce casas donde comencé a lanzar sueños hacia todas las direcciones, aquel lugar que el progreso destruyó. Por ahora he de volver al muro, frente al Mangó Bajito a la entrada de La Playita, para retomar el hilo de la madeja y continuar calle arriba, por la Doctor Cueto hacia un futuro que ya es un pasado cruzado de consignas, de esperanzas enterradas y sueños que todavía trepan por las escaleras de la esperanza. Habrá puertas y ventanas cerradas para siempre, pero en algún lugar de ese porvenir que se va volviendo pasado habrá un intersticio que me permitirá mirar hacia el otro lado donde hay una calle que se bifurca, unas personas que marchan y otras que regresan y un transeúnte que los mira y lee en cada rostro las huellas de alegrías y dolores compartidos. Algo así dije en un pequeño poema que titulé por la Doctor Cueto.

Campo Alegre es donde vivo desde hace más de veinte años, donde terminé de criar mis hijos junto a Gloria, que ha sido la mujer de toda mi vida. Donde tengo mi cueva y donde como Francisco de Quevedo converso con los difuntos que se reúnen en torno a los libros que siempre me han acompañado en la construcción de mi realidad existencial. Ese camino es el verdadero. El de mis días rutinarios es una ficción que construyo amparado en los logros que alcanzo arrancar a la vida pueblerina, día a día, hasta cuando los recuerdos me lo permitan.















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463 Campo Alegre, Utuado, Puerto Rico
Periodista, Escritor y Poeta, Ciudadano Lector